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Subiendo la montaña de la desesperación
Osaka, Japón, Sr. Kido, 66 años

 

Todas las esperanzas puestas en el nuevo tratamiento de radiación

Durante unos buenos 20 años mi hígado nunca funcionó correctamente y tuve que medicarme según las prescripciones del médico. Me diagnosticaron una hepatitis C y recibí un tratamiento de estimulantes.

Dos años más tarde, los datos mostraron que la enfermedad estaba bajo control, por lo que me sentí aliviado. No obstante, la enfermedad degeneró de repente y evolucionó en un cáncer.

Después de someterme a una embolización de la arteria hepática en julio de 1998, estaba casi curado. Sin embargo, se hallaron células cancerígenas cerca de la vena portal. Tuvo lugar una nueva embolización de la arteria hepática, pero esta vez, todo fue en vano. Buscando un tratamiento de más garantía, alguien me habló de que en el hospital universitario de Tokio se estaba llevando a cabo el último “radio tratamiento” que consistía en enviar ondas radioactivas desde la cima de una aguja a través de la longitud de ondas MICRO. De esta forma se puede matar un porcentaje 3 veces superior de células cancerígenas. Inmediatamente viajé hasta ese hospital para probar y recibir ese tratamiento.

El hospital mencionado, sin embargo, es un instituto de investigación que no incluía el tratamiento de pacientes entre sus funciones. Los pacientes que llegaban al instituto tras recorrer largas distancias eran enviados a otros centros hospitalarios relevantes porque no había suficientes camas. Tuve que esperar algunos meses hasta entrar en el programa y sólo para que me dijeran que mi enfermedad no tenía cura.

En este momento, el tumor ya había invadido la vena portal extendiéndose a las tres glándulas linfáticas. El nódulo linfático se había dilatado de 3 a 4 cm. ¡Ni la operación ni los tratamientos de radiación habían funcionado!

Pregunté al médico si mi enfermedad realmente no tenía remedio. Argumentó con enorme sangre fría que todos morimos en algún momento y que aunque en mi caso aún podría llevarse a cabo una operación, era mejor que me fuera a casa y rezara. Añadió que podía considerar la terapia de radiación pero que no debía ser demasiado optimista.

Una indescriptible desesperación se apoderó súbitamente de mí. Echaba fuego por los ojos cuando miraba al médico y pensaba en la brusquedad con que me trató. Aquella noche lloré y no pude abrir los ojos durante los siguientes días y sus correspondientes noches. Las enfermeras me sugirieron cariñosamente dar un paseo por Tokio. “Mantén la mente abierta. Estás en Tokio. Date una vuelta.” Entonces, mi mujer y yo echamos a un lado nuestras preocupaciones por un tiempo y disfrutamos del placer de ir de compras.

La esperanza emergió de la oscuridad

Quizás el paseo por Tokio mitigó mis preocupaciones, estaba más calmado para considerar lo que el médico había dicho. Finalmente, decidí someterme a un tratamiento de radiación. Inesperadamente, los médicos de los distintos departamentos del hospital me dieron diferentes opiniones. Uno me dijo que mi enfermedad no era mortal y que no debía preocuparme. El nuevo tratamiento de radiación estaba controlado por ordenador y sólo incidía sobre las células cancerígenas. Los efectos secundarios no eran tan violentos como lo habían sido anteriormente. Lo más sorprendente fue que tenían noticias de otro hospital que ofrecía los mismos tratamientos en la zona de Guanxi y que me trasladarían allí.

En noviembre de 1999, recibí 25 sesiones del tratamiento de radiación. En enero de 2000 fui sometido a un tratamiento de embolización a causa de los nuevos tumores hallados en el hígado. Fue en este período cuando inicié mi régimen con el líquido Tian Xian. Pensé que aunque la medicina occidental pudiera curar el cáncer, los efectos secundarios podrían matarme si mi sistema inmunológico no era lo suficientemente fuerte. Por ello puse todas mis esperanzas en el líquido Tian Xian. Un mes más tarde, los tumores de la vena portal, los de las tres glándulas linfáticas y los del hígado habían sido destruidos.

El propio médico me preguntó sorprendido, “¿Cómo han desparecido?” Era tan increíble que no supe qué contestarle. El siguiente examen mostró pequeños tumores cancerígenos en el pulmón. No obstante, el médico me aseguró que la radiación podría reabsorberlos definitivamente. Me sentí revitalizado, a pesar de saber que únicamente con el líquido Tian Xian podré continuar desafiando la enfermedad.

Una vez estuve a punto de sumirme en la desesperación, pero estoy convencido de que un día conseguiré salir del fondo del valle .

 

 


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