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No estoy solo en mi lucha contra el cáncer
Taipei, Taiwán, Sr. Dong, 56 años

 

No recuerdo cuántos años hace, durante una sesión de donación de sangre, me dijeron que tenía el virus de la hepatitis B. Desde ese momento aprendí a tener cuidado en mi vida diaria, especialmente en mi dieta. No bebo y suelo acostarme a una hora fija. Incluso mi familia está cansada de este régimen de vida, aunque yo insisto en él, puesto que sé que el virus de la hepatitis tipo B es susceptible de desarrollar una grave enfermedad hepática.

En abril de 1999 los cuatro miembros de mi familia se vieron infectados por una gripe que se estaba extendiendo por la ciudad. Todos ellos tuvieron que ir al hospital y medicarse. Sin embargo, aún cuando mi mujer y mis hijos ya se habían recuperado, yo seguía sintiéndome cansado y perdí mi apetito usual. Tenía la sensación de que la comida se me quedaba en el estómago. Pensé que ello era debido a una indigestión o bien a la medicación contra el resfriado que estaba tomando. Una noche, de repente sentí un pinzamiento en el abdomen superior derecho que me impedía dormir. Me levanté para coger los analgésicos del cajón. Me tomé dos píldoras y me dormí.

En un primer momento pensé que se trataba de una neuralgia, durante los dos días siguientes no sentí dolor. Al tercer día, mientras estaba dando clase en la escuela como era habitual, un inmenso dolor me obligó a doblarme hacia delante. Mis alumnos vieron cómo palidecía en medio de un sudor frío y me llevaron a la enfermería de la escuela. La enfermera hizo los trámites para ingresarme en un hospital e informó a mi esposa. El médico me preguntó sobre mi estado de salud durante los últimos años y me dijo que debía someterme a diferentes exámenes médicos. Finalmente, me instó a que tomara mi estancia en el hospital con calma a la espera de los chequeos. No necesité la compañía de mi mujer en el hospital, puesto que podía manejarme por mí mismo. Cuando me sentí recuperado, empecé a pasearme por allí y entablé conversación con algunos familiares de los pacientes. A mi lado había una persona aquejada de cáncer de hígado en su último estadio. Me pareció extraño que me hubieran ubicado en aquella sección. Al día siguiente, volví a pasearme por los aledaños para encontrar alguien con quien charlar cuando observé a un paciente que estaba leyendo en su cama. Cogí uno de los libros al azar; Se trataba de “Una buena curación para el cáncer: China No. 1 líquido Tian Xian”. Viendo al hombre tan alto de moral, tuve una buena charla con él.

Me dijo que tenía cáncer de hígado en su cuarto estadio. Por recomendación de su amigo, hacía 3 semanas que había empezado a tomar el líquido Tian Xian, y que ahora ya era capaz de estar sentado y leer solo. Añadió que si no fuera por el líquido Tian Xian, ahora ya estaría muerto.

Me sentía un poco cabizbajo y empecé a pensar. ¿Sospechará el médico que también tengo un cáncer de hígado y por esto me han puesto en este departamento del hospital? Cuando mi mujer vino a visitarme, le revelé mis sospechas. Antes de que hubiera terminado, empezó a llorar. Me miró y me dijo que desde el momento en que ingresé en el hospital, el médico supo gracias a las ondas supersónicas que tenía dos tumores cancerígenos en el hígado; uno de 7,5 cm x 8 cm y otro de 3,5 cm x 1,5 cm. Los ulteriores exámenes que me hicieron fueron para ver si existía esperanza de curación a través de la cirugía o cualquier otro tratamiento.

Las cosas pintaban negras para mí. ¡Me quedé sin palabras! No sabía qué sería de mí. ¿Me vería reducido a piel y huesos con una gran barriga como el de la puerta de al lado? Parecía que las lágrimas de mi mujer se habían secado. ¡No podía aceptar tal destino! Sólo tenía 56 años. ¿Por qué el cáncer me había atacado a mí, alguien que llevaba una vida tan disciplinada y normal? Quería gritar, pero no podía emitir un solo sonido. Además tenía miedo de que gritar tan fuerte pudiera romper los tumores del hígado.

Mi mujer me tomó entre sus brazos y nos estrechamos el uno al otro, deseando que el tiempo se parase. En aquel preciso momento, mis hijos vinieron a verme al llegar del colegio. Vernos abrazados les sorprendió. Nunca habían visto a su padre y a su madre en una situación tan íntima. Al ver las expresiones graves de nuestras caras, preguntaron ansiosamente qué sucedía. Hice lo posible para tranquilizarme y les expliqué que su padre tenía un cáncer de hígado y que estaba a la espera de tratamiento. Mi hijo mayor barbulló que el padre de uno de sus compañeros de escuela también tenía cáncer de hígado. Además de los tratamientos del hospital, éste seguía también las prescripciones de la medicina china tradicional. Pensé que se estaba refiriendo al paciente con el que había hablado anteriormente.

Inmediatamente, mi hijo mayor le pidió al padre de su amigo de clase información sobre el líquido Tian Xian. Mi mujer y yo estudiamos el tema detenidamente obviando los detalles científicos, de los que no comprendíamos nada. Comparamos un producto con el otro. Al final de nuestro análisis, decidimos recabar la opinión del médico sobre la posibilidad de tomar también el líquido Tian Xian.

Al día siguiente, el médico dijo que, debido a que el tumor estaba tan cerca de la arteria principal, una operación resultaría muy dificultosa. Decidió realizar en primera instancia un tratamiento de embolización que comportó ligeros efectos secundarios y, a continuación, un tratamiento suplementario basado en los resultados. Fue en este momento cuando fui capaz de considerar ponderadamente mi situación. En las revistas especializadas hallé una gran cantidad de números de teléfono gratuitos a los que traté de llamar. No esperaba encontrar la oficina central en Hong Kong. La señora que respondió al teléfono me explicó detalladamente en qué consistían sus servicios. Lo que me tentó a probar el producto fue el hecho de que antes de facilitarlo al consumidor, la asociación quería saber cuál era la situación del paciente y el tratamiento al que se le había sometido hasta el momento con el fin de discernir de qué manera podían ayudar.

Que la empresa hiciera tales preguntas me dio la sensación de seriedad, por lo que me decidí a tomar el medicamento que me prescribía la señora. Por otro lado, pregunté al paciente que había tenido al lado de mi habitación por su estado después de tomar el líquido Tian Xian. En mi caso también se combinaron los tratamientos de medicina occidental y de medicina tradicional china.

Dejé el hospital diez días más tarde, una vez finalizado el tratamiento de embolización. Continué tomando el líquido Tian Xian y permanecí en contacto telefónico con la oficina de Hong Kong para realizar consultas. La asociación me instruyó también sobre temas que merecían mi atención tales como el estrés en la vida diaria y la dieta. Me pareció que no sólo estaban vendiendo un producto sino que se preocupaban por cada uno de los pacientes que les llegaban de una manera muy realista. Asimismo, mantuve el contacto con el padre del compañero de escuela de mi hijo. Éste compartía conmigo el mismo sentimiento de que estábamos recibiendo atención por parte de un grupo de gente que está realmente preocupada por nosotros.

Mi mujer también consulta a Hong Kong para asuntos relativos a la dieta y siempre recibe respuestas y consejos satisfactorios. Ahora, presto más atención a mi estado físico e insto a toda mi familia a cuidarse tanto ellos como su dieta. No quiero que ninguno de ellos se vea afectado ni que ninguno de mis hijos deje de recibir la atención que les hubiera dado si yo, la columna vertebral de la familia, muriese.

He estado tomando el líquido Tian Xian durante más de un año hasta este momento y ahora presto atención al estrés de mi vida diaria. Mi familia está más unida. No quiero otra cosa que más tiempo para pasarlo con ella. El líquido Tian Xian me ayuda mucho y la empresa que lo distribuye me sirve de guía.

También quisiera agradecer a la empresa chino-japonesa Fei Fa su asistencia y preocupación. ¡Ahora valoro mucho más lo que tengo! No estoy solo en mi lucha contra el cáncer, para la cual recibo mucho apoyo moral. A pesar de conllevar un gasto económico considerable, creo que la vida es mucho más importante que el dinero.

Pagaría lo que fuera sólo para poder vivir un día más.

 

 


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